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viernes, junio 11, 2010

CUENTOS GANADORES MES DE JUNIO

Cuento Caleño:
INQUIETUD

“La sangre sobre la nieve es más roja” le dije a Aurelio -para calmarlo- cuando la vio derramada en alfombra y sábanas. Estaba alarmado. Traté de sonreír con lo que me quedaba de ánimo: llama la partera. Marcó el teléfono: necesito a doña Asunción en lo de Aurelio. Es hora.
Doña Asunción ordenaba: Agua, telas limpias. Salgan todos. Quiero acompañarlas, musitó Aurelio. Con un gestó le indiqué: no. Cálmese señora, las cosas no son tan graves. Sabiéndolo un recurso, callé. La pequeña estaba atrancada. No podría salir aunque Asunción trabajara. La sangre fluía. Me desvanecí. Más tarde me dijeron la niña salió bien, lo único raro es que tiene una trompa como de elefante. Le haremos cirugía facial. Miré asustada allí estaba la prueba flagrante de mi delito. Mi marido un cornudo, yo una coqueta. Me enamoré de Ganesha y me poseyó en sueños. Aurelio me miraba con compasión. Pero no pidió el divorcio. En adelante me torturaría.



Cuento Internacional:

RENATO ENAMORADO



En su mano portaba un sobre, lo apretaba, lo guardaba y lo sacaba otra vez. Temía abrirlo y descubrir su contenido, dejaría que la vida siguiera su curso, pero también sentía curiosidad y deseaba terminar de una vez con la intriga.

Entró al edificio, subió las escaleras, no quiso usar el ascensor. Una vez en su departamento, el olor a sucio que no era ninguna novedad lo invadió; chocó la mesa y se sentó en el suelo.

Su mente voló lejos de allí; cuando aquella noche al salir de esa fiesta y con unas copas de más, la vio por primera vez. En sus ojos el brillo era inquietante, o tal vez era el alcohol que no lo dejaba enfocar la vista, y sumado al hecho de que deseaba estar con una mujer. No pudo contener, el impulso de estar con ella. Y se entregó a la lujuria, a la pasión. El instinto animal se apoderó de su cuerpo, y ya no fue dueño de sus actos. Allí en aquel callejón oscuro, le sacó la ropa, recorrió su cuerpo con la lengua, con las manos y con todo aquello que pudiera ofrecerle placer. Sintió que estaba en un bosque perdido y que ella era una ninfa virgen, que se le ofrecía para que él, fuera su primer hombre. Le hizo el amor como nunca, porque en realidad para él, ésa era, su primera vez.

A los treinta años nunca había estado con una mujer, quizás su apariencia no era muy agradable; siempre desalineado y oliendo a transpiración, porque tenía un problema en las glándulas sudoríparas.

Cuando todo terminó y él aún jadeaba, ella miró hacia otro lado y con voz fría le dijo:

—Son doscientos pesos, y dale que estoy apurada.

¿Doscientos pesos? Bueno, voy a ver si tengo.

¡Por tu bien espero que si! Allá a lo lejos, dijo- señalando al norte —está mí marido esperando y si no tenés plata te la vas a tener que ver con él.

Desde esa noche no pudo dejar de estar con ella. El muy estúpido se había enamorado, y sus amigos le decían:

— ¡Renato afloja un poco, estas quedando piel y huesos!

—Sí, che encima decir que ¡te enamoraste de esa mina!— Pero él hacía caso omiso de las palabras de ellos, a él lo único le importaba era amarla, una y otra vez hasta no dar más.

Pronto se encontró bajo nubarrones negros por las deudas. Ella, no dejaba de cobrarle por sus servicios. Así dejo de pagar el alquiler, el seguro del auto, y los gastos del mes; trabajaba sólo para poder estar con ella. La ruina era inminente, si no pagaba el alquiler lo echarían a la calle.

Derrotado y acabado, ya no tenía nada más para perder, o eso era lo que él cría…

Abrió el sobre, era el resultado de un análisis, desplegó el papel las palabras escritas eran pocas pero contundentes: (HIV-Positivo).

¿Para que agregar más? Si tan sólo pudiera cambiar el destino y volver en el tiempo a aquella noche cuando la conoció, no perdería la oportunidad, de amarla otra vez.